domingo, 17 de julio de 2011

HISTORIA DEL MAQUILLAJE ( II PARTE: LA BELLEZA E HIGIENE EN EL ANTIGUO EGIPTO)

5.-EL MAQUILLAJE

Después de aseada y perfectamente hidratada, venía el maquillaje.

Una buena egipcia que se preciase de tal, no podía salir a la calle con la cara deslavada.

Desde el Periodo Predinástico, que los egipcios tanto para ellas como para ellos, por belleza e higiene se protegían los ojos con MESDEMET (EL KHOL), que como ya se ha mencionado anteriormente era un polvo negro que se obtenía de la galena y que se empleaba como antideslumbrante del sol, como protector de enfermedades oculares y como repelente de las moscas. Actualmente se sigue utilizando en Egipto con el mismo fin.
Se tiene constancia que hasta la dinastía IV se empleó una sombra verde, denominada UDJU, que se obtenía de la malaquita. Después de esta dinastía no se volvió a emplear.

Las egipcias oscurecían sus cejas y pestañas con este polvo de galena mezclado con agua y se aplicaba húmedo con la ayuda de palitos realizados en madera, metal o hueso. Este sería el antecedente de lo que hoy conocemos como máscara de pestañas, que comúnmente denominamos Rimel (aunque este es el nombre de una marca comercial).

Los labios también se maquillaban. A estos, se les aplicaba con la ayuda de una especie de pincel o simplemente con el dedo, oxido de hierro humedecido, dándoles una tonalidad rojiza. También sabemos que por lo menos durante la dinastía XIX este mismo maquillaje de oxido de hierro se aplicó a los pómulos, para que resaltasen. Sería nuestro actual colorete. Este maquillaje se sigue utilizando en el interior de Egipto y también por las mujeres de alguna tribu beduinas.

En la difícil tarea de cuidarse y embellecerse, los egipcios utilizaron un sin fin de hermosos objetos. Así tenemos precisas pinzas con lo que eliminar cualquier bello superfluo, cuchillas para rasurar, hermosos tarros para ungüentos, recipientes para el khol, espejos, peines y un sinnúmero de otros objetos que para nada desentonarían en cualquiera de nuestros tocadores.


6.-EL CUIDADO DEL CABELLO

Se nos hace extraño averiguar la importancia que daba el pueblo egipcio al aseo y cuidado del cabello. El hombre llevó casi siempre el cabello más o menos corto, salvo durante el Imperio Nuevo donde el gusto por las pelucas hizo furor. Los sacerdotes tomaron la costumbre de afeitarse la cabeza así como todo el cuerpo, en señal de pureza, a partir de la dinastía XIX fue obligatorio. También se rasuraban el rostro, aunque existen ejemplos, sobre todo del Imperio Antiguo, de funcionarios con bigotes. El uso de la barba no era muy habitual aunque también existe algún ejemplo, sobre todo en campesinos desaseados y también se la dejaban en señal de duelo. No hay que confundir esta barba, con la barba que aparecen en estatuas, de lapizlázuli  que era una señal de divinidad.

El gusto de la mujer egipcia por la utilización de las pelucas se remonta a las primeras dinastías. Durante el Imperio Antiguo, estas son de melena corta. Las sirvientas, no utilizaban pelucas, y el pelo de estas es largo.

A partir del Imperio Medio el gusto por el peinado cambia. Se siguen utilizando las pelucas, pero ahora la forma de estas es de rollo, imitando la iconografía de la diosa Hat-Hor. 



Una vez más, durante el Imperio Nuevo el gusto raya la perfección. Es el momento de las pesadas pelucas, con pequeñas trenzas, tirabuzones u ondas a media espalda. Muy adornadas con joyería o con simples coronas de nenúfares.

La utilización de las pelucas era un signo de distinción, pero al mismo tiempo, protegía a sus portadoras, de los fuertes rayos solares. En su mayor parte eran de pelo humano, pero también se han localizado de fibra vegetal. Se guardaban en cajas y se han localizado tenacillas con las que ondulaban el pelo y también en alguna de ellas, han sido localizados restos de cera de abeja que se empleaban para fijar las ondas. La misión polaca que trabaja en Deir el Bahari, recientemente ha localizado un taller de pelucas, donde se encontró cuatro vasos de alabastro que contenían mechas de pelo humano; redes de lino en forma de gorro que servían de base para las pelucas y que se ataban a la cabeza; una caja que contenía alfileres de hueso, una punzón de bronce; y fragmentos de dos cuchillos de sílex.

Pero el hallazgo más importante es la localización en el mismo taller de un modelo de cabeza en el cual se habían trazado líneas negras que mostraba el contorno por donde debían ir los diferentes largos de la peluca. También se encontró en el mismo depósito, semillas de dátiles de desierto (Balanites aegyptiaca) de donde se extraía un aceite muy perfumado y muy apreciado en cosmética; un polvo marrón que seguramente era utilizado para teñir la peluca y un resto ceroso de jabón de sosa duro, que aún tenía propiedades detergentes. 


Durante el corto periodo de El Amarna, se vuelve a las pelucas cortas de corte tradicional que adoptará la reina y por consiguiente toda la corte. Pero pasado este momento, las dinastías siguientes volverán a la utilización de la peluca larga.


 
El gusto tan extendido por el uso de pelucas, nos puede llevar a la falsa idea de que o bien los egipcios eran calvos o que no cuidaban para nada su pelo natural. Nada más lejos de la realidad. 


Desde épocas predinásticas, conocemos de la utilización de peines, bien de hueso o madera que se siguieron utilizando durante toda la época histórica. Estos eran de una o de dos caras gruesas que permitía arrastrar la suciedad y las liendres. Los piojos, no solamente eran molestos sino que eran portadores de enfermedades como el tifus. Por lo que el aseo del pelo estaba muy extendido. Se sabe que los egipcios se lavaban periódicamente el cuero cabelludo y que utilizaban aceites extraídos de la Balanites aegyptiaca (dátiles del desierto) para perfumarlo.

Si a nosotras nos preocupan las canas, a las egipcias también. Se cubrían estas con diferentes remedios: con HENA (actualmente se sigue utilizando); la sangre de una vaca negra hervida y mezclada con aceite; o la grasa de una serpiente negra. Estos remedios garantizaban que su pelo recuperaba el color negro. Lo que ya no garantizaban es que se le acercase alguien.

Que con tanto mejunje, el cabello se le ha quedado sin brillo y algo áspero. No hay que preocuparse. Se cogen las yemas de los huevos del cuervo negro, se aplican directamente, se dejan unos minutos y a lavar. El pelo recobra todo su negro brillo natural.

Pero si su problema es que sus cabellos son débiles. Tampoco hay problema: Se toma la pata de un galgo hembra, el hueso de un dátil, la pezuña de un burro, se hierve todo en abundante aceite, se deja enfriar y se aplica diariamente durante varias semanas.

Señores, si su problema es la alopecia… No hay problema. La aplicación diaria de una loción aceitosa a partir de aceite de alholva opera milagros. 


·7.-LA MANICURA Y LA PEDICURA 

Existen constancia que desde la dinastía XII, tanto los hombres como las mujeres se hacían la manicura y la pedicura y que también utilizaban barniz o laca blanca para decorarlas.

·8.- LA VESTIMENTA

Como ha ocurrido a lo largo de toda la historia, quien marcará la pauta a la hora del gusto del vestir, será la mujer aunque como también se observa los hombres cuidaban de una forma muy especial su apariencia exterior. No olvidemos también la importancia que tuvo para este pueblo la conservación de su cuerpo en la espera de un mundo mejor.

El benigno clima de Egipto, hizo que el vestido de todas las épocas fuese ligero y fresco. Se empleó casi siempre el lino, de una textura semigruesa. En épocas del Imperio Nuevo, se emplearon para realizar los sugerentes vestidos de la XVIII y XIX dinastía, un lino especialmente fino denominado byssus, importado de Siria.

La lana fue raramente empleada ya que se consideraba a esta impura, pues era el tejido que habitualmente empleaban los pueblos asiáticos. El algodón no fue conocido en Egipto hasta la época romana.

El vestido femenino evolucionará a lo largo de la historia de Egipto, mientras que para el hombre se va a mantener más homogénea. Este casi siempre empleará el kilt corto con los dos extremos cruzados y anudados a la altura de la cadera.

Durante el Imperio Antiguo, la sobriedad tanto en la indumentaria como en el peinado marca la pauta. Para la mujer noble, los vestidos son de tirantes anchos y largos hasta los tobillos y los brazos se cubrían con una especie de túnica.

El Imperio Medio deja en libertad parte de la anatomía femenina. El busto se muestra sin reparos y de una forma sugerente.

Pero el gusto por lo exquisito le llega a Egipto de Oriente. Las mujeres del Imperio Nuevo se cubren con el fino lino procedente de Siria, las transparencias y los pliegues marcan las suaves curvas de sus cuerpos. Vestidos largos, anudados a la cintura con fajines de colores, que se entreabrían dejando al aire las torneadas piernas de sus dueñas. Sobre estos, túnicas plisadas, con mangas. En otras ocasiones una especie de chal longitudinal, también plisado, se recogía en forma de abanico sobre los hombros. En alguno de estos vestidos se cosían plaquitas de fayenza, o pasta de cristal que al caminar, chocaban entre sí, y producían un sugerente sonido como de campanillas.

·9.-EL CALZADO 

El calzado que utilizaban eran sandalias, realizadas en materiales vegetales como hojas de palma, esparto, juncos o papiros. También se realizaban en cuero pero eran muy costosas. No se han encontrado talleres de artesanos que se dedicasen a estos fines, por lo que se piensa que eran realizadas por las mujeres en el hogar.


En resumen la cultura egipcia dejo tras de si un gran legado en esta materia, al analizar toda la información anterior no se ha inventado casi nada, y en definitiva en estos tiempos modernos tan sólo hemos heredado las costumbres de un pueblo con un pasado milenario y esplendido.

Fuentes: Variadas 

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